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martes, 2 de septiembre de 2014

CASTILLO DEL BUEN AMOR: FONSECA Y SU AMANTE

"El amor es la más fuerte de todas las pasiones, porque ataca al mismo tiempo a la cabeza, al corazón y al cuerpo" Voltaire

Y así debía estar Don Alonso de Fonseca cuando construyó este castillo-palacio...

Castillo del Buen Amor

El Castillo del Buen Amor hace referencia a la leyenda del arzobispo de Fonseca y su amante, aunque en realidad, su nombre es Castillo de Villanueva de Cañedo. La leyenda dice que el arzobispo Don Alonso de Fonseca, enfadado porque su amante no había sido admitida en Salamanca como su posición merecía, decidió construir este castillo-palacio para vivir allí su amor con ella alejados de las murmuraciones de la ciudad.


Vista desde la torre del homenaje del Castillo del Buen Amor

Sin embargo, las últimas investigaciones apuntan a que no se trataba del arzobispo y María de Ulloa, sino de su primo, Don Alonso de Fonseca Quijada, obispo de Ávila y Cuenca. El lo adquirió a Alfonso de Valencia, a quien lo habían donado los Reyes Católicos, en agradecimiento por haberles entregado Zamora durante las guerras que enfrentaron a Isabel contra Juana la Beltraneja. El Obispo Fonseca  transformó aquel Castillo en su palacio donde convivió con su amante, Doña Teresa de las Cuevas (Sí. Este Fonseca también tuvo su amante) Con ella tuvo cuatro hijos: Gutierre, Fernando, Ana e Isabel.
Don Alonso de Fonseca era partidario de los Reyes Católicos, y fue capitán del ejército que tomó Toro en 1476.


Balcón en la fachada principal del Castillo del Buen Amor

Los dos amantes fueron enterrados a principios del siglo XVI en el monasterio de San Ildefonso, en Toro, pero no juntos, como seguramente hubieran deseado. El en la capilla principal y ella en otra capilla del monasterio junto a la madre del obispo.
Después, el castillo pasó a pertenecer al conde de Sexto, duque de Grajal hasta principios del siglo XX y el pueblo de Villanueva de Cañedo desapareció.
Los vecinos de las zonas cercanas se fueron llevando las piedras del castillo para diversas construcciones. A pesar de que fue declarado monumento nacional en 1931, siendo su propietario el conde de Ivanrey, y de una prohibición expresa de llevarse las piedras del castillo, se hizo caso omiso y el castillo se encontraba en muy mal estado.
En 1958 pasa a pertenecer a la familia Fernández de Trocóniz, es entonces cuando se comienza su recuperación y restauración, hasta convertirse en posada real, como veremos en la próxima publicación.

Bóveda de una de las actuales habitaciones

Escalera de subida a una de las habitaciones del hotel

Para llegar al castillo hay que tomar la Autovía Ruta de la Plata A66, y salir a la antigua carretera tomando la salida 322 (Topas). Si vas desde Salamanca, está a la derecha. Hay que estar atento porque es fácil verla cuando ya has pasado el cartel. A unos dos kilómetros está la entrada a la finca, hay que llamar a un timbre para que te abran.

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